Nueve

Otra más que se la traga el Caribe, que choca contra las piedras y el arrecife sin gritar, porque el aliento le falta, como le falta la vida. Otra que interrumpió los juegos infantiles por un saco sin proponérselo, porque en esta vida no hay más maldita suerte que encontrar lo que no se está buscando y todo por la sana confianza de aquellas que no ven la malicia en los ojos.

¡Ay del que se atreva a culpar a unos nueve años de experiencia! Desalmados que merecen el infierno si es que existe, que no entienden del poder de la sugestión y el miedo. Solo hablan sin parar de lo que no saben para parecer inteligentes, porque nunca han visto al diablo de frente.

No entienden que se hace demasiado sencillo creer en el lobo, más cuando su verdadera forma no se revela en público y cuenta con ese poder de seducción capaz de hipnotizar rebaños. Ellos saben bien cómo ganar puntos cuando sus intenciones son mancillar la carne fresca que no les pertenece, que no deberían siquiera en pensar cazar. 

Tampoco valen las alertas, porque cuando detonan nunca les hacen caso. Prefieren negarlas o asumir que todo es mentira hasta que no queda más que un cuerpo violentado y vacío, con sangre en la vulva y en el ano, producto del descuido, de la indiferencia, de la ridícula creencia de que los niños no saben de lo que hablan, de la ceguera selectiva.

Seguramente esa madre se arrepentirá de las mil cosas que tiene la culpa, como si esa fórmula de autosabotaje tuviera algún poder resucitador. Quedará derramando lágrimas de sangre en un ataúd vacío porque el mar es muy vasto para una niña, porque las olas lo arrastren todo y los tiburones también tienen hambre.

Y no me preguntes por cifras, ya dejé de contar, me duele y me faltan dedos. Sumo con pies y manos, pero solo consigo derramar impotencia en el mismo caldo donde deposito el asco. Ya ni siquiera escribo con rabia sanguinaria, es más una desolación intensa y silente que no se refleja en los ojos, pero que desgarra el alma marchita.

Ni siquiera hay consuelo con la justicia, que esta vez tiene las cartas de ganar. Sin embargo, quedan los expedientes nunca registrados, los no archivados, los que se tragó la tierra del campo por pura casualidad. Un historial que no da esperanzas para la resolución de nada… Espero equivocarme, que el machete no haga falta.

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