Y apareces tú…

Mil sueños que se escapan
mi mundo harto de girar
y apareces tú… “

Nunca creí en algo tan ambiguo como la coincidencia. Para mí en este universo no existe el azar, la vida se rige por reglas que no admiten casualidades porque todo tiene una función, esa que a veces llamamos destino y creo que ese día que nos encontramos fue precisamente cosa de él.

Yo estaba sentado en el parque Colón, como casi todos los domingos, mirando a la gente pasar mientras le daba la última calada a mi cigarrillo. Los árboles mantenían el verde de sus hojas pues en esta isla no existen las estaciones, las palomas jugaban a encontrarse en la estatua del centro en honor al conquistador, mientras las sombras jugaban bajo los pies de los transeúntes y de uno que otro perro callejero.

Me había rendido y pensaba en disfrutar mi vida de soltero como se me diera la gana hasta que me topé con esos ojos marrones detrás de esas gruesas monturas de acetato que revelaban un problema de miopía, con esa cara angelical que contrasta con las maldiciones que sueles escupir por esa pequeña boca delicada.

Llevabas una mochila rosada al hombro, unos shorts azules, el pelo amarrado en una coleta y un tshirt negro con el nombre de alguna banda que aún no conozco, quizás porque ni tú misma lo recuerdas. Invadiste mi banco sin preguntar, colocaste tu bulto en él y sacaste el celular de uno de los bolsillos. Busqué tu mirada para hacerte entender que ocupabas innecesariamente mi espacio, pero tropecé con tu sonrisa demoledora y olvidé mis intenciones de reclamarte.

No recuerdo exactamente cómo inició nuestra conversación, solo puedo decir que desde ese día, no se ha terminado. Te has vuelto parte de mis días y de muchas noches, imprimiendo tu perfume en cada rincón de mi casa, de mi ser y de mis horas, al punto que es imposible sacarte de mi cabeza, aunque suene a puro cliché. Ya no estoy seguro de cuánto tiempo hemos pasado juntos, pues parece una eternidad, deliciosa eternidad que no supera los tres meses y no deja de embriagarme con cada nuevo sorbo de néctar, al punto de volverme adicto a cada una de tus formas, de tus humores y rarezas.

Ya conozco tus lunares y tu caligrafía, tus quejas contra el mundo y tus miles de sueños, sin embargo, siento que aún no es suficiente. Quiero colarme para siempre en eso que haces llamar vida, aunque ninguno de los dos se haya atrevido a ponerle un nombre a lo que somos o seremos, porque las nomenclaturas solo sirven para clasificar inanimados, y nosotros somos dos almas libres que no se atan a leyes sociales.

Quién hubiera pensado que un encuentro furtivo sería el comienzo de una historia llena de salidas cada vez menos casuales tras las paredes de piedra de la Zona Colonial, todo porque removiste un mundo cubierto en cenizas donde reinaba la resignación y la apatía, reemplazando los recuerdos de los días buenos por unos mejores, poniendo como única condición no enamorarse, exigencia que no creo que pueda cumplir…

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